BOLERO (Novela) Literatura Mondadori (Barcelona) Enero 2001
Covadlo se lanza a las pasiones desatadas en su nueva novela
El escritor presenta en «Bolero» a un matón homosexual
JAVIER MEMBA
MADRID.- A Lázaro Covadlo le habría gustado ser dibujante a la manera del belga Maurice Tillieux, creador de Gil Pupila, pero quien es hoy uno de los escritores argentinos más prestigiosos del momento, abandonó su primera vocación y se decantó por la novela policiaca, algo que seguramente sus muchos lectores le agradecen.
La literatura pudo con el cómic, pero aun así el autor quiere dejar constancia en esta charla de su interés mantenido a lo largo del tiempo por los tebeos. Su caso resulta curioso. Y es que tras publicar en Argentina tres novelas entre 1965 y 1973, los lectores y los críticos se olvidaron de él en los 24 años que permaneció en silencio hasta la aparición de Animalitos de Dios, un volumen de cuentos que suscitó el entusiasmo a ambos lados del Atlántico.
Bolero (Mondadori), su última ficción, es la historia «de varios personajes que aman al ritmo de esta música». De entre tantas pasiones desatadas, ha llamado la atención de la crítica una de ellas, por lo infrecuente que resulta en ese paisaje de novela negra en el que se sitúa el texto. «Puede antojarse caprichoso presentar a un matón homosexual, si la homosexualidad aparece de golpe», explica Covadlo. «Sin embargo, el mundo del hampa, las cárceles, están llenas de gente que practica sexo homosexual. Lo que pasa es que no sale a la luz y todos aparentan ser unos machotes increíbles. Precisamente por eso se me ocurrió incluir a un matón homosexual».
No obstante, el novelista puntualiza: «Yo no escribo para ajustar cuentas con la realidad. Sencillamente, aunque quizás sea remontarnos a un criterio más amplio, no logro hacer distinciones entre la realidad y la fantasía. Creo que la realidad es toda una. Lo que sí me interesa es generar un pensamiento transversal a lo ya manido».
Recordando la génesis de Bolero, su autor declara: «Surgió del inconsciente, de los lapsus que uno va teniendo a lo largo del día. Luego, cuando ya estás metido en la historia, te olvidas de cuál fue el momento de su arranque».
«Sin ser un fatalista, sin querer decir que hay que dejarse llevar por las cosas, en general, lo que yo escribo no intenta emitir ningún juicio sobre lo que reflejan», continúa refiriéndose a cierta indolencia que algunos lectores detectan en sus páginas. «No creo en el autor omnipresente. Trato de ser como el comentarista de un combate de boxeo».
Gran parte del prestigio del que goza Covadlo, se debe a los encendidos elogios que le han dedicado los más variados escritores del momento, lo que sorprende sobremanera teniendo en cuenta que nos encontramos ante un autor que no pertenece a ninguna capilla de literatos. «No me veo mucho con otros novelistas, sin que ello quiera decir que no quiera verlos. Todo ese fenómeno de los grupos es inferior a mi inteligencia (y perdón por la vanidad)». Sin que ello signifique que Lázaro Covadlo no atienda a los aplausos que le dedican sus colegas. «A nadie le amarga un dulce, me gustan los elogios y no quisiera parecer indiferente a ellos».
EL MUNDO. 25/2/2001
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HISTORIA DE MAFIAS EN DOS ORILLAS
¿Cómo se planta en el lenguaje, la geografía y el tiempo un escritor argentino de sesenta y tantos años que ha vivido los últimos casi treinta en Españ
a y recorrió en su juventud buena parte de América latina? Lázaro Covadlo ha logrado fundir con sagacidad toda esa experiencia fermentada en el caldo de cultivo de su imaginación (aunque en esta novela, concebida y publicada en España, se sienta en la necesidad de aclarar, por ejemplo, qué es una villa miseria y no qué es un chándal).
Pero tal vez la mayor apuesta estilística de esta historia de mafiosos de dos orillas no esté en la elección de una lengua española múltiple ni en el intento de reflejar la múltiple geografía del mundo iberoamericano, sino en el manejo de un tiempo también múltiple. En efecto, Bolero se construye casi permanentemente sobre la confluencia de distintos tiempos, lo que, por supuesto, instaura en el relato una linealidad que no coincide estrictamente con la linealidad cronológica de la historia. El recurso es más marcado y decisivo en el comienzo de la novela, su uso disminuye notoriamente en el medio y recobra importancia hacia el final.
El "presente" narrativo, el corazón de la historia, transcurre en la España de los años noventa. Allí se ha reagrupado una banda mafiosa, liderada años atrás en Buenos Aires por un español exiliado en épocas tempranas del franquismo, que durante su periplo antes de establecerse a orillas del Río de la Plata había incorporado incluso a un caribeño. Cuando sus negocios sucios amenazaban con llevarlo a una cárcel argentina, Aníbal Iturralde regresó a su país natal, reconstruyó su banda, ascendió en la escala de sus negocios y sus actividades adquieren ya suficientes visos de legalidad. Entonces, "importa" desde Buenos Aires a un antiguo hombre suyo para que se ocupe de hacerle de guardaespaldas a su único hijo Víctor, aparentemente huérfano de madre, y para que lo instruya en defensa personal.
El protagonista de la historia es el guardaespaldas "argentino" Víctor Olsen, en realidad de oscuro origen, un duro blando que siempre intenta escapar de los sentimientos que puedan ligarlo demasiado a una persona, o más bien, a una mujer. Su tocayo adolescente, afecto como él a la lectura y con inclinaciones literarias que se manifiestan en un diario íntimo pleno del arrebato sentimental propio de su edad, desacomoda inopinadamente las piezas del tablero interior de Olsen, al punto que éste llega a guardar las espaldas del muchacho desde la máxima proximidad posible.
Antes y después e incluso durante, el currículum de Olsen está jalonado por algunas buenas mujeres que lo han acompañado en sus reticencias. Hay una secretaria de Iturralde que será vehículo para el descubrimiento de un pasado también con nombre de mujer, y hay en el futuro una chilena que lo acompañará en diversas ciudades después que él deba huir de España, y volver a huir tras un retorno relámpago, cuando el muchacho ya convertido en capo mafia lo convoque en nombre de un pretérito bruscamente interrumpido. Y hay también amigos salvadores, como el falsificador Bodoni y la Bestia Elizalde quien, en una de sus apariciones, le da pie a Covadlo para lucirse con el humor negro, que tan bien desplegó en varios de sus libros anteriores, entre ellos Agujeros negros (cuentos), saludado hace unos años por varios miembros de la plana mayor de la literatura española actual.
Pablo Ingberg
LA NACION (Buenos Aires). 14/5/2002
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SOLTANDO AMARRAS
Unha recepción crítica xenerosamente (e xustificadamente) laudatoria puxo en primeiro plano o nome do bonaerense Lázaro Covadlo por mor da publicación do seu libro de contos Agujeros negros (1997), título ó que lle seguiron novelas e libros de relatos ata chegar a este Bolero (Mondadori, 2001) que agora nos ocupa.
Covadlo é unha voz narrativa moi persoal, moi singular, sempre capaz de sorprendernos, de conducirnos ó insólito, de fiar tramas profundamente orixinais, de asomarnos á crueldade e o absurdo, de forxar extravagantes e erráticas criaturas de
ficción, de enriquece-la súa prosa con múltiples arestas imaxinativas e sentimentais.
Bolero pode catalogarse de novela de crime e delicto nun plano primeiro e superficial e ata de relato de aprendizaxe sui generis polo que ten de resultante degradada. Pero se nos atemos á escura e algo enigmática figura de Víctor Olsen, eixe da historia, mentor e gardalombos ó seu pesar, podemos pensar nun thriller algo sórdido e, sobre todo, nunha novela de alcance existencial que nos achega ó intento dun home por ser dono do seu destino, por sobrevivir no desarraigo, por evita-lo sometemento que implican os afectos, a amizade, o amor e en xeral as ataduras que implican as relacións humanas.
Escindida en escenarios españois e bonaerenses, a historia de Bolero exemplifica o camiño delictuoso e a ascensión dun delincuente metido finalmente no mundo financeiro. Pero sobre todo, indaga no dano e na destrucción, no lastre de mentiras e vinganzas, de medo e violencia para rematar nun final paradoxal, pero non imprevisible.
Cun hábil engarzamento de anécdotas e episodios, cunha trama tecida de variados personaxes e frecuentes anagnórises, sempre tensa e amena, esta novela adquire a súa mellor solidez na xa mencionada figura de Olsen, personaxe dotado de múltiples facetas, anguriado e constantemente no gume da navalla, pero cun fondo de romántico solitario empeñado en non deixarse dobregar polo destino.
Bolero, en fin, sitúanos nos sucos das variacións da novela de crime (non sempre policial) que veñen ensaiando escritores hispanoamericanos como Sasturain, Giardinelli, Gamboa, Padura, Arriaga entre outros. Variacións da novela negra coa súa carga crítica, a súa épica da derrota e o seu antiheroe á vez idealista e desenganado. Por estes sucos seguramente nos esperan froitos renovados e cheos de alicientes. Covadlo puxo o seu gran de area neste triste e agridoce Bolero.
Luis Alonso Girgado
EL CORREO GALLEGO, 8/5/2001
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PISTOLERO Y POETA
Seis libros publicados en menos de cuatro años acreditan a Lázaro Covadlo cuando menos como un autor fecundo. Seis libros en los que ha visitado los géneros más diversos para recrearlos, o más bien parodiarlos con humor e imaginación. La novela de
aventuras, la literatura gótica y de terror, el cuento tradicional infantil, la narración folclórica, incluso las vidas de santos, han pasado de un momento a otro por sus manos para adaptarse sin demasiadas estridencias a su peculiar mundo literario. En Animalitos de Dios, su anterior y todavía reciente entrega narrativa, había también algún relato en el que esa intención paródica se proyectaba sobre el género policíaco, y en ello no puede verse sino un claro precedente de esta última novela suya, Bolero, en la que Covadlo demuestra haberse nutrido de la tradición de Chandler o Hammet tanto como de la de Arlt u Onetti.
El personaje central de la historia es el argentino Olsen, un pistolero amante de la poesía y celoso de su independencia que arrastra un muerto y diez años de cárcel a sus espaldas. Aníbal Iturralde, poderoso gángster al que Olsen salvó la vida, le ofrece trabajo en Madrid, como guardaespaldas de su único hijo, Víctor, sensible joven que profesa a su padre un sordo rencor y enseguida encontrará en Olsen el modelo de hombre en el que desea convertirse. Organizada como un singular triángulo en la historia entre Olsen, Iturralde y Víctor se percibe desde el principio una espesa atmósfera hecha de humillaciones, deseos de venganza y odios sofocados, y todo se enrarece definitivamente cuando la admiración que Víctor siente por su vigilante personal evoluciona hacia una relación homosexual, con el consiguiente riesgo de represalias por parte del feroz e implacable Aníbal.
El planteamiento, como puede verse resulta más que sugestivo, y Covadlo acierta en esta primera mitad de la novela, a evitar los clichés del género. Así, por ejemplo, consigue dotar a algunos de los personajes de cierta hondura y complejidad, recurriendo a veces a la inserción de fragmentos de sus diarios íntimos, algo habitual en la literatura de Covadlo pero inusual entre los cultivadores del género, cuyos cánones prescriben que los personajes deben definirse desde fuera, es decir por sus acciones, y no desde dentro, esto es, mediante la expresión de sus sentimientos y reflexiones. La mezcla de procedimientos de muy diversa naturaleza se generaliza a partir del tercer o cuarto capítulo, y uno tiene la sensación de encontrarse no tanto ante una novela de género negro como ante un híbrido novelesco que sólo en su concepción original participa de las convenciones del género: algo similar me ocurría, salvando las distancias, con la lectura de las novelas policíacas, en general bastante disparatadas, que Boris Vian firmaba como Vernon Sullivan.
Los problemas de Bolero, sin embargo, no tardan en presentarse. Como casi siempre que en una novela o película cuya acción transcurre en la España de hace poco, todos o casi todos los personajes llevan pistola, el peligro de la inverosimilitud acecha desde el principio, y si Covadlo consigue durante un buen número de páginas sortear ese peligro, llega un momento en que todo se le escapa por la vía del exceso. A partir de ese momento la novela deriva hacia el folletín, y se da la paradoja de que, cuantos más giros inesperados, sorpresas y peripecias se acumulan en la historia, mayor es el desapego que el lector siente hacia ella, con el resultado de que la narración acaba volviéndose artificiosa y desfalleciente. Acaso el problema de fondo resida en el hecho de que la novela de Covadlo renuncia de antemano al realismo, lo que resulta arriesgado cuando se está jugando con una tradición literaria, la de la novela negra, que admite como propias y características las limitaciones de la narrativa realista, de un realismo si se quiere estilizado pero vigoroso e inequívoco.
Que Covadlo es autor de una docena larga de relatos magistrales es algo que he declarado en varias ocasiones y no tengo inconveniente en volver a declarar aquí, y se me ocurre que, si sus novelas pocas veces alcanzan la excelencia de sus cuentos, ello se debe a que éstos se adscriben casi siempre al género fantástico, en el que lo excesivo y hasta lo inverosímil pueden constituirse en auténticos motores del relato, cosa que casi nunca sucede en las novelas de cierta extensión. De ahí el aprecio más bien escaso que, a pesar de ciertos aciertos parciales, me merece este Bolero frente al entusiasmo que en su día me produjo la lectura de sus dos colecciones de cuentos, las tituladas Animalitos de Dios y Agujeros negros, esta última publicada en 1997 por la editorial Áltera y cuya recuperación, felizmente, Mondadori anuncia como inminente.
Ignacio Martínez de Pisón
ABC CULTURAL, 17/3/2001
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EL DOLOR DE LA EXISTENCIA
L. Covadlo crea una obra con materiales de intriga y riqueza psicológica.
Narrativa. BOLERO. Lázaro Covadlo
Mondadori. Barcelona 2001
217 páginas. 2.450 pesetas
LUIS DE LA PEÑA
Un entramado de corte detectivesco, por el que rondan seres del hampa, matones sórdidos, mujeres descarriadas y un hijo que ha confundido su destino so
n algunos de los ingredientes de esta novela que podría haber sido buena, pero que deja un regusto de insuficiencia, eso sí, un tanto efectista en un lector al que en la primera mitad se le ofrecía un mundo más intenso y rico del que Covadlo derrama en la segunda mitad del libro.
Víctor Olsen, el protagonista de la novela, es un hombre ilustrado que lee con voracidad toda la mejor literatura y gusta de los poetas más exquisitos, trabaja a sueldo de Aníbal Iturralde, un hampón de escasos principios y alma turbia. En torno a Iturralde se reúne una cuadrilla de seres mezquinos y torpes. En este ambiente Olsen recibe el encargo de custodiar y hacer un hombre a Víctor Iturralde, hijo de aquél. La relación entre ambos toma un cariz muy contrario al que desea el padre. A partir de ahí se desencadenan una suerte de desgracias que llevan al protagonista a un periplo sin fin cuyo destino es su propio espejo.
Covadlo ha organizado la novela con los materiales del relato de intriga, pero en el que desempeñan un papel determinante la conciencia de los personajes, la psicología dudosa y turbia de unos seres cuyo mundo interior responde de un modo certero a las contradicciones de la propia existencia. Toda la primera parte de la novela se mueve en torno a los motivos de orden existencial que estructura el alma de los personajes. Hasta aquí Bolero es una novela más que respetable. Sin embargo, en cierto momento, hacia la mitad de la novela, un largo parlamento confesional de Aníbal Iturralde conduce, desde ese preciso instante, el relato por los territorios de lo evidente. La novela pierde entonces ese extraño y por otra parte admirable ritmo interno por el que fluía y la riqueza interior de los personajes deviene en una suerte de relato de corte testimonial, donde el discurso narrativo cobra tintes de orden sociológico y, en cierto modo, de soflama moral con tendencia a lo complaciente, siempre dentro de lo turbio de los asuntos tratados, algo, por otra parte, de lo que hasta el momento la novela carecía.
Tal vez la pérdida de una cierta agilidad en la escritura de los diálogos demasiado largos, en los que el autor no sabe mantener la oralidad del discurso y, sobre todo, el dejarse sentir en exceso la voz de su autor detrás de estos parlamentos, hacen que la última parte de Bolero pierda verosimilitud. Una pena en una novela que apuntaba a una personalísima y bien confeccionada escritura, con una estructura de paralelismos, como espejos enfrentados, que define el sentido último de la historia.
BABELIA (El País). Madrid, 7/4/2001

Recopilación de artículos, comentarios, críticas y reseñas, publicados en los diversos medios, sobre los libros ya editados del escritor Lázaro Covadlo. Formulados por Enrique Vila-Matas; Sergi Pàmies; Juan Bonilla; Ignacio Martínez de Pisón; Marcos Giralt Torrente; Daniel Celis; José Fernández de la Sota; J.A. Masoliver Ródenas; Santos Sanz Villanueva; Francisco Casavella; Javier Memba; Edgardo Dobry; José Francisco Ruiz Casanova; Elena Hevia; Nuria Navarro; Rosa Mora; Karmen Ochando Aymerich; Patricia Rodón; Carlos Ramos Catalán; María Luisa Miretti; Arturo García Ramos; Milo J. Krmpotic; Pablo Ingberg;Ana Sousa; Jorgelina Nuñez; Luis Alonso Girgado; Sergio Criscolo, Matías Néspolo y Sérgio Almeida.